Vestida de fuerza y honor camina, con fe que no se apaga ni termina. En sus labios hay sabiduría, y en su alma, eterna melodía. Sus manos siembran consuelo y vida, su oración es vela encendida. Como Dios consuela con ternura, su amor sana toda amargura. Se levantan sus hijos a bendecirla, su nombre, en alto, a aplaudirla. Mujer de Dios, madre y maestra, tu valor, el cielo lo registra.